domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuarto (y último) Domingo de Adviento

En este último Domingo de Adviento, con la esperanza de celebrar la Navidad de la mejor manera posible, reflexionamos acerca de la tendencia que hoy en día nos engulle y nos lleva a ser "mejores personas" en Navidad, pero ¿qué pasa el resto del año?

Desprovistos -casi- de su significado original, muchos de los villancicos navideños nos evocan un tiempo de Paz y de Amor. Prácticamente con la misma poca utilidad, hemos recibido, desde bien pequeños, mensajes sobre cómo hay que comportarse en ese tiempo de "armonía universal" llamado Navidad: Desde cuentos populares hasta las campañas de las ONGs; compartir con los necesitados, acoger al pobre, reconciliarse y perdonar las ofensas percibidas, etc.


Desgraciadamente, su efecto, a la larga, ha podido resultar más perjudicial que beneficioso. Lejos de potenciarnos esa necesaria caridad y bondad, nos la ha constreñido, nos la ha reducido a una anecdótica expresión en cuatro días del año. Al igual que las ya reflexionadas prácticas de piedad, el imprescindible plano cristiano de la acción con el prójimo, queda "salvado" con la "bondad navideña". Pareciese que sólo recordásemos en estas fechas que es en el hermano donde debemos de encontrarnos con ese Dios Encarnado. No está mal donar un kilo de comida o apadrinar un niño por Navidad. Lo realmente pernicioso es olvidarnos el resto del año de la Humanidad, que es casi como decir, de la Divinidad.

Ojalá todos nuestros días sean Navidad.